La llamada de Franco resonó en el apartamento como bomba.
Valeria vio cómo el rostro de Enzo se transformaba mientras escuchaba. Primero confusión. Luego incredulidad. Finalmente, algo que ella no había visto nunca en él: miedo genuino.
—¿Qué? —La voz de Enzo salió cortante—. Eso es imposible.
Daniela levantó la vista de su laptop, los dedos congelados sobre el teclado. Carmen apareció desde la cocina con una taza de café a medio camino hacia sus labios.
—Franco —articuló Enzo en silencio, señal