Valeria no durmió.
A las dos de la madrugada, su habitación parecía un campo de batalla textil. Siete vestidos diferentes yacían esparcidos sobre la cama, cada uno rechazado por razones que iban desde "demasiado atrevido" hasta "parece que voy a un funeral". El vestido negro de Chanel la hacía ver como si asistiera a un velorio. El rojo de Valentino gritaba desesperación. El blanco de Carolina Herrera era demasiado nupcial. El verde esmeralda de Gucci chocaba con su tono de piel bajo ciertas luc