La turbulencia sacudió el avión privado con una violencia que hizo temblar las copas de champán que nadie había tocado. Valeria ni siquiera parpadeó. Sus ojos permanecían fijos en la ventanilla, observando las nubes grises que se arremolinaban bajo ellos como pensamientos caóticos que no lograba organizar.
Alguien cercano. Alguien que conoces.
La voz distorsionada del teléfono se repetía en su mente con la insistencia de una canción que no podías dejar de tararear. Cada palabra era un martillo g