La luz del amanecer apenas comenzaba a insinuarse sobre los tejados de París cuando Valeria atravesó elvestíbulo del hotel con pasos que resonaban demasiado fuerte contra el mármol pulido. Quince minutos. Le había tomado exactamente quince minutos desde que colgó con André para vestirse, llamar un taxi y llegar al hotel donde Enzo se hospedaba.
La verdad ardía en su pecho como ácido. El audio era falso. Todo era mentira.
Subió las escaleras de dos en dos, incapaz de esperar el elevador, su respi