La puerta de la habitación de Isabella estaba entreabierta.
Ese detalle, tan insignificante en cualquier otra circunstancia, se clavó en la conciencia de Valeria como un fragmento de vidrio. Isabella nunca dejaba su puerta abierta. Ni siquiera cuando salía al baño en medio de la noche. Era una de esas cosas que Valeria había aprendido sobre ella durante las semanas que habían compartido ese espacio claustrofóbico del búnker: Isabella cerraba puertas. Siempre.
Valeria empujó la puerta con la punt