La llamada llegó a las tres de la mañana, arrancándola de un sueño inquieto poblado de sombras que no lograba identificar. Valeria abrió los ojos en la oscuridad de su dormitorio, su mano buscando instintivamente el teléfono que vibraba con esa insistencia que solo traían las malas noticias.
El nombre de Javier parpadeaba en la pantalla.
Supo lo que había pasado antes de contestar. Lo supo con esa certeza primitiva que existe en el cuerpo antes de que la mente pueda procesarlo, una comprensión v