Dos semanas podían ser una eternidad o un parpadeo, dependiendo de cómo se midiera el tiempo. Para Valeria, habían sido ambas cosas a la vez: interminables cuando pasaba las noches despierta pensando en Sofia, fugaces cuando el trabajo la arrastraba hacia adelante con una urgencia que no admitía pausas.
El taller había recuperado su ritmo habitual, ese pulso constante de creación y caos controlado que siempre había sido su refugio. Las mesas de trabajo estaban cubiertas de telas en diversas etap