El pánico tenía un sabor metálico que se adhería al paladar como sangre. Valeria lo sintió explotar en su pecho cuando el Comandante Morales pronunció las palabras que transformaron el miércoles en pesadilla pura.
—Torres tenía acceso completo al búnker donde están los niños.
El mundo se detuvo. Luego se aceleró con una violencia que le arrancó el aire de los pulmones.
—Mis bebés. —Las palabras salieron como un grito ahogado—. Dios mío, mis bebés.
Ya estaba corriendo hacia la puerta antes de que