La llamada llegó exactamente tres minutos después de que la última pantalla del centro de comando mostrara la confirmación: ochenta y tres arrestos simultáneos en quince países diferentes. Valeria observaba los números actualizarse en tiempo real, sintiendo por primera vez en semanas algo parecido al alivio, cuando el teléfono de Morales comenzó a vibrar sobre la mesa con una insistencia que transformó ese alivio en ceniza.
—Es él. —Morales miró la pantalla con expresión pétrea—. Vincenzo.
El si