El grito de Valeria atravesó la casa como un disparo, un sonido gutural que no parecía salir de su garganta sino de algún lugar mucho más profundo, primitivo. Enzo subió las escaleras de tres en tres, el corazón martilleando contra sus costillas, encontrándola en el estudio rodeada de álbumes fotográficos abiertos, las páginas extendidas sobre el suelo de madera como evidencia de un crimen que había durado cinco años.
—Dios mío. —Las palabras salieron de sus labios como un susurro quebrado mient