Mundo de ficçãoIniciar sessãoTraicionada por su hermana. Engañada por el hombre que amaba. Abandonada por la familia que juró protegerla. Valentina Rossi pierde todo, la noche antes de su boda. Con el corazón roto, huye de Italia y termina sola en una isla griega, sobreviviendo con pequeños trabajos mientras intenta olvidar el dolor que la destruyó. Pero el destino tiene otros planes. Después de salvar a unos gemelos de un accidente mortal, Valentina entra en la vida de Maximilian Kosta, un poderoso CEO multimillonario conocido por su carácter frío, dominante y despiadado. Él quiere pagarle. Ella rechaza su dinero. Y termina aceptando trabajar para él. Lo que Valentina no esperaba… era encariñarse con los pequeños Amara y Bastian. Y mucho menos sentirse atraída por ese hombre peligroso, después que juró nunca volver a enamorarse. Pero mientras la tensión entre ellos crece, secretos del pasado comienzan a salir a la luz. Porque Maximilian Kosta también es un hombre roto. Y cuando el pasado de Valentina regrese para reclamarla… el amor podría convertirse en una guerra.
Ler mais—No lo puedo creer… mañana me caso. —Mi voz tiembla, pero no de miedo de felicidad. De esa que te aprieta el pecho hasta doler.
—No lo puedo creer, mamá estoy tan feliz. Quiero que ya sea mañana, estoy nerviosa, estoy emocionada, no sé el corazón se me va a salir del pecho. —Mi madre sonríe, pero sus ojos están húmedos.
—Mi niña… estás hermosa. — No responde a lo que dije. Eso debió ser la primera señal, pero no la vi. Porque yo estaba enamorada. Completamente ciega.
—Mi vida es perfecta —susurro mientras giro frente al espejo—. Mañana seré la esposa del hombre más perfecto del mundo.
El vestido cae sobre mi piel como un sueño.
—Dime como me veo. Se que no pudiste estar en la prueba del vestido, pero quería que lo vieras antes de mañana. —Le digo a mamá mientras modelo mi vestido de novia.
Estoy tan emocionada, llevo meses organizándolo todo, quiero que mi día sea perfecto. La organizadora de bodas ha sido más que paciente, ha sido muy linda conmigo. Cada cosa, que le he pedido, cada detalle lo ha cambiado como he querido. Cada idea que se me ocurre. Ella lo hace realidad, parece como mi hada madrina.
Las invitaciones querían que fueran originales y elegantes, se me ocurrió enviarlas envueltas en un chocolate, igual que la película de Willy Wonka, al abrirlo se encontraban con una hoja dorada. Los centros de mesa, mis flores favoritas orquídeas. Todo está como lo soñé.
—Estoy tan feliz madre, siento que esto es un sueño, todo parece mágico. Todo es justo como siempre lo quise.
—Todo es perfecto, la boda, el lugar, las flores. Él.
Alexander Fisher, el hombre que todas quieren… y que mañana será mío.
—Quítate el vestido ya —dice mamá de pronto—. No sea que el novio te vea. —Sonrío.
—Es verdad… mala suerte.
Si hubiera sabido lo que iba a pasar, me habría quedado con ese vestido puesto toda la noche.
Mi familia siempre ha sido… mi lugar seguro. Fui adoptada a los siete años y nunca me hicieron sentir diferente. Nunca. Me trataron igual que a su hija, que es mayor que yo, mi hermana Charlotte es la mejor hermana del mundo, nos llevamos de maravilla.
Esta noche haremos una cena para mi familia que llego hace unos días, la idea es integrarnos, porque en la ceremonia será muy difícil y después nos iremos de luna de miel.
Veo a papá entrar a su habitación.
—El mejor padre de todos, ¿Cómo estás?.
—Padre hermoso, necesitas algo ¿Verdad?
—No, solo quiero darte un abrazo, debo aprovecharme todo lo que se pueda porque después te mudarás y no te veré con frecuencia.
—Pero promete que vas a venir siempre, Charlotte, y tu madre estarán cerca siempre.
—Papi, te prometo que vendré seguido, pero mamá no estará aquí por mucho tiempo, porque cuando tenga a mis hijos me llevaré a mamá conmigo.
—¿Qué? prefiero que te lleves a Charlotte, tu madre es quien me ayuda con todo lo de la casa. ¿Como voy a dejar que te la lleves?
—¿Están hablando de mí, me parece? ¿A dónde me voy?
—Hey, bruja ese es mi vestido nuevo. Te advertí que no te pongas mi ropa.
Mi hermana Charlotte entra sin tocar ya me había cambiado a un vestido rosa con flores muy delicado.
—Ese vestido me queda mejor a mí. —dice, arrogante y divertida.
—Jajajaja, en realidad en mi se ve más lindo, bruja.
—Relájate, será la última vez que puedas presumirlo… después serás una esposa aburrida.
—Prefiero eso a ser una solterona con delirios de grandeza. —Se ríe.
Todo es normal, demasiado normal.
Hasta que él llega y todo cambia, no por él, por mi padre.
—Ve a saludar a tu novio —dice. Pero su voz… no es la misma.
No sonríe, no lo nombra. Nada. Algo está mal.
—Papá… ¿te hizo algo Alex?
Silencio.
—No.
—Entonces ¿por qué estás así?
—Estás imaginando cosas.
Mentira, lo conozco y mi padre nunca miente bien.
Bajo las escaleras… y ahí está el perfecto, seguro. Sonriendo como si el mundo le perteneciera.
Mi futuro esposo, el hombre con el que soñé formar una familia.
El padre de mis hijos.
Me emociono al pensar en levantarme y verlo con nuestro hijo en sus brazos arrullándolo por las mañanas y ver su perfecta sonrisa.
—Mi conejita… el amor de vida. —Y en ese momento… le creo todo. —¿Cómo estás?.
—Estoy fenomenal, estresada, porque han sido mil cosas que he tenido que hacer. Pero estoy muy feliz.
—¿Tus padres llegaron?
—No, pasaré más tarde por ellos al aeropuerto cuando terminemos con la cena, los llevaré a mi apartamento de soltero, ya les arreglé una habitación.
Los padres de Alexander viven en Londres, solo los he visto tres veces en los 4 años que tenemos juntos. Alex es hijo único, tuvo un hermano, pero falleció hace un tiempo, no le gusta hablar de eso, yo no lo presiono porque entiendo que es difícil para él.
—Está bien mi cielo, sé que te hará muy feliz que estén contigo.
Mamá baja y nos indica que la comida ha sido servida.
Mi padre baja de su habitación y tiene la misma expresión con Alex de cuando estábamos arriba y lo escuchó. Le extiende la mano y apenas cruza palabras con él. ¿Qué está pasando? ¿Por qué lo está tratando de esa manera?
Durante la cena, intento ignorarlo, pero no puedo.
Mi padre apenas le habla., evita mirarlo, evita todo.
Siento la tensión entre ellos, es silenciosa e incómoda.
Pero yo sonrío, porque debe ser el estrés, después de todo mañana me caso.
Y nada… absolutamente nada… puede arruinarlo.
—Antes de comenzar esta deliciosa cena, quiero agradecer a todos por venir. — Dice papá. —Como todos saben mañana es un día maravilloso y especial para Valentina y será un día agitado para todos y al final nos toca despedirlos para que vayan a su luna de miel. Por eso estamos aquí para compartir con ellos. Por favor ahora disfruten la cena. —Termina mi papa y todos comenzamos a comer.
Todo estaba delicioso.
Al finalizar la cena, pasamos a los postres y comenzaron las preguntas de donde íbamos por la luna de miel.
La verdad no quería decirlo porque ese es el regalo de mi papá, pero me gano la emoción.
—Nos vamos a Santorini —digo emocionada. — ¿Lo pueden creer?
Todos celebran, todos sonríen, todos menos uno mi padre.
—Cuídala —le dice mi tío a Oscar.
—La amo —responde él sin dudar—. Es el amor de mi vida.
Y yo… le creo, otra vez.
—Les agradezco a todos por estar aquí y ser parte de nuestra felicidad. Mañana disfruten de nuestra boda, junto a todas las personas que nos quieren. Será el mejor día de nuestras vidas y estamos felices de que nos acompañen.
Alex comienza a despedirse de todos. Lo acompaño afuera y cuando se va, me besa como si ya fuera suya.
—Mañana serás mía para siempre. — Sonrío.
—Ya lo soy. —Error.
—Ya quiero que sea mañana, Pronto amaneceremos juntos para siempre, en nuestra casa. — Que gran ironía.
Como regalo de bodas sus padres nos regalaron un hermoso Pent House. Después de la boda iremos allí para recoger las maletas e irnos a la luna de miel. Estoy tan emocionada que no creo que pueda dormir.
—No te duermas tarde Sra. Fisher.
—Te cuidado en el camino, cuando estes con tus padres, me llamas.
Volví adentro con mis tías y mi mamá, ellas con botella de vino en mano me están dando consejos y hablando de la vida matrimonial.
—¿Dónde se metió Charlie? Esto es algo que le interesa a ella también, algún día debe casarse.
—No tía Vivi— dice Charlie bajando las escaleras. — Yo no nací para el matrimonio, eso de amarrarse a un solo hombre, cuando afuera ahi un ramillete solo para mí.
—Charlie eres la hermana mayor, como hablas asi?. ¿No te da vergüenza que tu hermana menor se case primero? —Le dice mamá.
—Mamá la verdad? No, sinceramente siento mucha lastima por mi brujís.
—Charlie adónde vas?
—Voy a salir con unas amigas, ya había quedado, asi que arrivederci. Nos vemos.
—Esa chica será la solterona que cuida gatos. —Dice mi tía Vivi.
Me quedé charlando con mis tías y mi mamá un rato más, al cabo de una hora subo a mi habitación y entonces lo recuerdo:
—¡Mierda!. El detalle, la sorpresa.
Quería que nuestra primera noche como esposos fuera perfecta, romántica muy especial e irrepetible.
Sonrío mientras tomo los chocolates, los pétalos, la lencería. —Le va a encantar…
Salgo sin decirle a nadie, sin avisar, sin pensar.
Que chiste más cruel, el destino no avisa, solo golpea.
Al llegar al estacionamiento del Pent house, había un Maybach que conocía muy bien. Sonreí al pensar que Alex pensó lo mismo que yo queriendo sorprenderme después de la boda haciendo algo lindo para mí.
Sonrío. —Pensamos lo mismo…
Entro en silencio al Pent House quería sorprenderlo por eso hice silencio. Pase por la sala y la cocina todo estaba oscuro y en silencio. —Mmmm ¿dónde estás Alex? —murmure
En el pasillo se veía la luz de la habitación principal, no estaba cerrada.
Oh nos vendría bien una rica noche de pasión como solteros.
Me acerque de puntillas para sorprenderlos por detrás.
Todo estaba en silencio.
Excepto…un sonido, es un jadeo.
Me detengo mi corazón… se acelera.
No, no, no puede ser.
Camino lento, cada paso pesa, cada latido duele.
—Ah… Alex… siii, asiii— la voz de una mujer.
Mi mundo… se rompe.
—Di que eres mía…— su voz ronca.
—Di que eres mi puta. —El aire desaparece.
No puedo respirar. No quiero entender, pero entiendo todo.
Empujo la puerta de un golpe. Y en ese instante… mi vida perfecta se hace pedazos.
Nunca había cuidado niños en mi vida. Ni uno.No sabía cambiar pañales, no entendía horarios infantiles y mucho menos cómo tratar con gemelos de cuatro años que crecieron rodeados de lujo, guardaespaldas y millones.Pero necesitaba ese trabajo. Necesitaba el techo, la comida, la estabilidad.Y, sobre todo, necesitaba dejar de sobrevivir día a día.Por eso, mientras el vehículo negro avanzaba por la carretera, intentaba convencerme de que todo iba a salir bien.¿Qué tan difícil podía ser cuidar a dos niños? Comen, juegan, duermen.Eso hacen los niños… ¿no?Aunque, siendo sincera, Amara y Bastian no parecían niños normales.Ni siquiera cuando los salvé. Tenían esa extraña tranquilidad de quienes nacieron acostumbrados a que el mundo se detuviera por ellos.Suspiré apoyando la cabeza contra el asiento.La señora Dufort estaba despidiéndose de mí desde la entrada de la floristería cuando el auto arrancó. Todavía podía verla en mi mente; su abrazo cálido, sus ojos húmedos. Y aquella pequeñ
Unos días antes…—¡Fue un descuido imperdonable! —rugí golpeando el escritorio con tanta fuerza que el cristal vibró bajo mis manos—. ¡¿Para qué demonios les pago si mis hijos pueden morir frente a ustedes?!El silencio dentro de la oficina se volvió sofocante.Nadie se movió. Nadie respiró.Los hombres permanecieron alineados frente a mí como estatuas de piedra, con la mirada al frente y los hombros tensos. Conocían perfectamente mi temperamento. Sabían que mi paciencia era limitada.Y también sabían algo más:Cuando se trataba de Amara y Bastian… yo perdía completamente el control.—Señor… —habló André, el jefe de seguridad— nosotros asegurábamos la entrada principal del hotel.—¿Y eso qué mierda importa? —espeté acercándome lentamente—. Mis hijos terminaron en medio de una avenida.André tragó saliva.—La niñera los tenía sujetos, señor.—Pues evidentemente no.Apreté la mandíbula.Todavía podía imaginarlo. El sonido de los frenos. Las bocinas.La llamada que jamás quisiera recibir
—Estaré bien —dije finalmente—. Volveré pronto, más pronto de lo que imagina.O eso esperaba.El interior de la camioneta olía a cuero caro. Y tensión.Los dos hombres a mi lado permanecían inmóviles, observando el camino como si en cualquier momento fueran a atacarnos.—¿Siempre son tan habladores? —pregunté. Nada.Ni una mirada. Suspiré.—Solo quiero saber cómo están los niños. Silencio otra vez.—Amara y Bastian, ¿verdad?Uno de ellos apenas movió la mandíbula.—Están bien.Eso bastó para tranquilizarme un poco.—Oiga, ¿falta mucho? Es que debo volver temprano a la floristería, tengo un ramo de rosas que terminar, mi clienta llegará en una hora y no lo he terminado.Nada, ni una mirada.Miré por la ventana intentando memorizar el camino, pero después de tantos giros ya estaba completamente perdida.—Llegamos.La camioneta se detuvo frente a un edificio gigantesco de cristal oscuro.Mi respiración se cortó un segundo.Aquello no parecía una empresa. Parecía un imperio.Los hombres b
Aquellos niños no dudaron. Y yo tampoco.Lo supe antes de que ocurriera.Antes de que sus pequeños pies tocaran el asfalto, antes de que el sonido del tráfico se convirtiera en amenaza… algo dentro de mí gritó: “CORRE”.—¡Espera! —grité, extendiendo la mano hacia la niña.Pero no me escucharon. Nadie lo hizo.El mundo siguió moviéndose… excepto yo.Ellos corrían hacia el otro lado de la calle, hacia un pequeño cachorro que temblaba en la acera opuesta.Y entonces… El sonido de una bocina. Fuerte. Violenta. Demasiado cerca.Mi corazón se disparó. No pensé. No dudé. Corrí.El aire me golpeaba el rostro, el suelo parecía deslizarse bajo mis pies.Llegué apenas y me lancé.Empujé al niño con fuerza hacia atrás y sujeté a la niña por el brazo, arrastrándola conmigo mientras caíamos al pavimento.El ruido del auto pasando a centímetros de nosotras me dejó sin respiración.Silencio.Un silencio extraño… como si el mundo se hubiera apagado por un segundo.Sentí su pequeño cuerpo temblar contr
Último capítulo