Valeria salió de la habitación del hospital con pasos que se sentían más ligeros de lo que habían sido en semanas, aunque las lágrimas seguían deslizándose por sus mejillas con una libertad que no intentó contener. No eran lágrimas de dolor—o al menos, no solo de dolor—sino de algo más complejo, más profundo. Liberación. Catarsis. El tipo de llanto que venía después de sostener demasiado durante demasiado tiempo.
La puerta se cerró tras ella con un clic suave, y allí estaba Enzo.
No había desapa