La primera contracción verdadera llegó como un puño de hierro cerrándose alrededor de su vientre, tan intensa que arrancó un grito de los labios de Valeria antes de que pudiera siquiera procesar lo que estaba sucediendo. No era como las contracciones de Braxton Hicks que había experimentado durante semanas, ni siquiera como las que la habían llevado al hospital en falsa alarma días atrás. Esto era diferente. Primitivo. Aterrador.
Y luego sintió el líquido cálido deslizándose por sus muslos.
—No,