La luz del lunes se filtraba a través de las ventanas de la suite principal del Artemis con esa claridad mediterránea que Valeria había aprendido a asociar con decisiones que cambiaban el rumbo de las cosas. Treinta semanas exactas. El número resonaba en su mente mientras observaba a Enzo preparar el equipo de videoconferencia en el escritorio de caoba, sus movimientos precisos pero tensos, la mandíbula apretada de esa manera que revelaba cuánto le costaba mantener la compostura.
La reunión esta