La confirmación llegó a las siete de la mañana del sábado, destruyendo cualquier ilusión de seguridad que hubieran construido.
Viktor entró en la cocina donde Valeria intentaba desayunar mientras Lorenzo empujaba cereales por su plato y los gemelos golpeaban sus cucharas contra la bandeja de sus sillas altas. La expresión del analista era la misma de siempre—monocorde, casi mecánica—pero había algo en la rigidez de sus hombros que hizo que Valeria dejara su taza de té.
—Marcus Volkov fue visto e