El tercer trimestre había llegado con la sutileza de un martillo contra cristal. Valeria observaba su reflejo en el espejo del dormitorio, tratando de reconocer a la mujer que le devolvía la mirada. Veinticuatro semanas. Seis meses. La barriga que había sido una curva discreta apenas dos semanas atrás ahora se alzaba como una declaración imposible de ignorar, estirando la tela de su vestido de algodón hasta crear líneas que parecían mapas de un territorio inexplorado.
—Mami grande. —La voz de Lo