El hospital olía exactamente como Valeria recordaba que olían todos los hospitales: una mezcla de desinfectante industrial, flores marchitas y algo más oscuro que prefería no identificar. Ese aroma a desesperanza contenida que se adhería a la ropa y permanecía en la memoria mucho después de cruzar las puertas automáticas.
Caminaba por el pasillo de la cuarta planta con pasos que se habían vuelto más lentos con cada metro recorrido, como si su cuerpo intentara retrasar lo inevitable. A su lado, C