La ambulancia blindada se detuvo frente a lo que parecía ser una formación rocosa natural en las montañas, a dos horas al norte de Madrid. Valeria observó por la ventana oscurecida, buscando alguna señal de estructura, de entrada, de cualquier cosa que indicara que este lugar era más que piedra y vegetación salvaje.
—No veo nada —murmuró, ajustando la manta térmica alrededor de las incubadoras donde Mateo y Lucas dormían, sus pequeños pechos subiendo y bajando con la ayuda de los respiradores po