La luz del martes se filtraba débilmente a través de las cortinas del apartamento cuando Valeria despertó con la certeza de que algo había cambiado para siempre. El espacio junto a ella en la cama permanecía frío, pero no era la ausencia física de Sebastián lo que la inquietaba. Era el silencio absoluto que emanaba del apartamento, como si las paredes mismas hubieran absorbido la despedida que él había dejado sobre la mesilla de noche.
La carta descansaba allí, doblada con precisión arquitectóni