La evacuación comenzó antes del amanecer, cuando las primeras luces del miércoles apenas se insinuaban sobre los tejados de Madrid. Valeria había empacado solo lo esencial: ropa para ella y Lorenzo, algunos juguetes que el bebé reconocía, y el pequeño álbum de fotos que había comenzado a llenar desde el nacimiento. Sus manos se movían con eficiencia mecánica, pero su mente permanecía fragmentada entre la urgencia del momento y el eco de las palabras de Sebastián resonando en su memoria.
Enzo lle