La rutina había creado una falsa sensación de normalidad en el apartamento durante las últimas dos semanas. Sebastián se levantaba antes del amanecer para atender a Lorenzo, preparaba el desayuno mientras Valeria se duchaba, y luego pasaba el día trabajando desde casa mientras ella descansaba o se ocupaba del bebé. Era una danza cuidadosamente coreografiada que evitaba roces, miradas demasiado prolongadas o conversaciones que pudieran adentrarse en territorio peligroso.
Pero ese viernes por la m