La mañana del sábado llegó con una quietud que Enzo no había experimentado en meses. Por primera vez desde el nacimiento de Lorenzo, tendría a su hijo completamente solo durante toda la tarde. Valeria había aceptado finalmente, después de dos semanas de negociaciones sutiles y promesas de llamar cada hora, dejarlo llevarse al bebé al parque.
Se encontraba frente al apartamento de Valeria, ajustando las correas de la carriola nueva que había comprado específicamente para estas ocasiones. Lorenzo