El avión comercial tocó tierra en el Aeropuerto de Barajas con una suavidad que contrastaba brutalmente con el caos emocional que destrozaba el interior de Valeria. Había volado sola desde Málaga, dejando atrás no solo la ciudad andaluza, sino los restos carbonizados de lo que una vez creyó un matrimonio sólido. Las cuatro horas de vuelo le habían dado tiempo suficiente para procesar la traición, pero no para sanar las heridas que sangraban en carne viva.
Quince semanas, se recordó mientras ajus