El rugido del motor del hidroavión Valkyrie II era un lamento agónico que vibraba en la estructura de aluminio. Tras el sangriento enfrentamiento en Isla Obsidiana, Leonard y Katie apenas habían tenido tiempo de cargar al bebé y despegar bajo una lluvia de balas de los mercenarios de Ford. La isla quedaba atrás, envuelta en columnas de humo negro, pero el peligro no había terminado.
Leonard, sentado en el asiento del piloto con los nudillos blancos apretando los mandos, luchaba contra la direcc