El ático de seguridad en el centro de la ciudad se había transformado en un búnker de cristal. Afuera, la tormenta que había comenzado en la mansión Sinclair se había convertido en un vendaval que azotaba los rascacielos. Leonard permanecía frente a los monitores, con el rostro iluminado por el parpadeo constante de los algoritmos de rastreo. El contraataque digital contra Julian estaba en marcha, pero el aire se sentía cargado, como si el destino estuviera reteniendo el aliento antes de soltar