El regreso a la mansión Sinclair no fue el desfile de un vencedor sobre un carro de guerra, sino el retorno de dos supervivientes que habían aprendido a leer el lenguaje de las cicatrices ajenas. El coche blindado cruzó los portones de hierro forjado bajo un cielo plomizo que amenazaba con una tormenta eléctrica. Leonard, sentado junto a Katie, ya no necesitaba los apoyos hidráulicos de la Unidad Sombra para mantener la espalda recta. Aunque caminaba con una leve cojera y el apoyo de un bastón