La lluvia no daba tregua sobre los viñedos de los Moore. Lo que antes era un mar de verde esmeralda y promesas de cosecha, ahora era un terreno yermo, vigilado por las estructuras de acero de la reconstrucción de Sinclair. Katie bajó del coche alquilado, ignorando el barro que manchaba su calzado. La expulsión de Leonard del hospital aún le ardía en la piel, un latigazo de ingratitud que la había dejado vacía.
Corrió hacia la vieja mansión familiar, esa estructura que Leonard había prometido re