El amanecer se filtraba grisáceo a través de las rendijas de acero de la mansión blindada. Katie se incorporó en la cama, sintiendo que el mareo de los días anteriores finalmente se disipaba. El antídoto que el Dr. Vane le había administrado tras descubrir la intoxicación estaba surtiendo efecto. Sus ojos, antes nublados por el veneno gaseoso, ahora ardían con una claridad peligrosa.
Leonard estaba a su lado, en silencio, observando el amanecer digital en sus monitores. La fatiga se marcaba en