El despertar de Leonard Sinclair no fue el regreso de un hombre, sino el nacimiento de una tormenta digital. Sus ojos, ahora de un plateado líquido y vibrante, no solo procesaban la luz, sino que decodificaban el flujo de información que sostenía al mundo moderno. En la penumbra del Nexo de Libertia, Leonard se erguía como una entidad que borraba la frontera entre lo biológico y lo artificial. Su furia por el silencio de Katie, cuya voz había sido el precio de su resurrección, se había transfor