El amanecer sobre Libertia traía consigo una paz frágil, una tregua firmada con el océano tras el tsunami que casi devora la utopía. Katie, ahora proclamada Reina de la ciudad flotante, se encontraba en la suite real del Nexo, observando su reflejo en un espejo de cuerpo entero. A sus pies, el pequeño heredero dormía en una cuna de grafeno, sus ojos cerrados ocultando el azul eléctrico que había desafiado a las estrellas horas antes. Sin embargo, la calma era una ilusión óptica. Katie sentía un