Luciano permanecía en silencio en el comedor de la mansión, con la mente completamente saturada. Volvía a recordar algunos momentos en los que Dante no se apartaba de Serafina, cómo la mano de Dante nunca se separaba del todo de ella, o cómo Serafina seguía mirándolo con amor incluso cuando estaba enfadada. Todas esas imágenes eran una tortura para Luciano.
Poco a poco, Luciano sorbió su whisky matutino, y eso bastaba para demostrar lo mal que se encontraba en ese momento. Delilah, que pasaba p