El silencio seguía envolviendo toda la pequeña cocina del ala privada después de que Dante terminara de leer la carta escrita por la difunta María. Nadie se atrevía a hablar ni a moverse. Sin embargo, la verdadera tormenta no se estaba desatando fuera de la mansión, sino en el interior del propio Dante. Sus manos aún sostenían con fuerza la carta.
La última carta escrita por la mujer que le había dado un hogar a Dante, cuando el mundo entero le había arrebatado todo. María Carmen Romano no era