Capítulo 110

El silencio en aquella pequeña cocina se hacía cada vez más opresivo. Antonio permanecía inmóvil, con el expediente negro aún en las manos. Mientras, Lalita se enderezaba lentamente y Dante seguía de pie en el umbral de la puerta, con una mirada demasiado sombría como para descifrarla.

Sin embargo, Antonio supo de inmediato una cosa: que Dante había oído bastante. La mirada de Dante incluso comenzó a desplazarse lentamente de Antonio hacia Lalita. Luego se posó en la carpeta negra sobre la mesa
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