SAMIRA
El aire del Caribe, que hace apenas unos minutos se sentía como un bálsamo de libertad sobre mi piel desnuda, se transformó de golpe en un sudor frío y pegajoso. El mensaje en la pantalla del GPS parpadeaba con una luz verde enfermiza, una burla digital que me recordaba que la paz, para personas como nosotros, es solo una alucinación breve entre dos carnicerías.
"Bienvenidos al Nivel 101."
—Ese hijo de perra —gruñó Kadyel. Su voz no era humana; era un roce de placas tectónicas, cargada d