KADYEL
El agua del Caribe, que hace un momento nos servía de refugio, ahora se sentía como una mortaja de cristal. Emergiendo bajo el arco de piedra volcánica, el estruendo del dron de combate sacudía los cimientos de la isla.
Arriba, Alaric y Stefan estaban convirtiéndose en mártires o en leyendas, distrayendo a esa aberración tecnológica para darnos a Samira y a mí la única oportunidad que necesitábamos: entrar en el corazón del monstruo.
—¿Estás lista para ver qué hay detrás de la cortina,