Erick Vaughn siempre había creído que el silencio era dominio.
Por eso, cuando Emilia desapareció del foco público, cuando su nombre dejó de aparecer en informes visibles y ya no encabezaba reuniones ni operativos, sonrió con la seguridad de quien cree haber ganado una guerra sin disparar una bala.
—Te dije que cedería —comentó Vaughn, apoyado contra el ventanal de su oficina improvisada—. Las mujeres fuertes siempre cargan con demasiadas grietas.
Suji no respondió. Observaba una pantalla con d