El amanecer trajo un aire de expectación. Emilia abrió los ojos antes que el sol se alzara del todo, sintiendo cómo su vientre se estiraba con cada movimiento de su pequeño.
con siete meses de embarazo, cada día era un recordatorio de que la fecha del nacimiento se acercaba más rápido de lo que imaginaban.
Lucas dormía a su lado, pero apenas notó el leve movimiento de ella, abrió los ojos de inmediato. Su instinto protector se había vuelto casi infalible.
—¿Estás bien? —preguntó con voz ronca,