Ezequiel estaba sentado en el borde de la cama, con el uniforme ya doblado y el día finalmente en silencio. Había sido largo, exigente, pero no pesado. Aun así, su mente no descansaba. Nunca lo hacía cuando pensaba en ella.
Tomó el teléfono y escribió sin pensarlo demasiado, como si su cuerpo ya conociera el camino.
Ezequiel:
¿Terminaste el día bien? Hoy me acordé de ti más de lo normal.
Envió el mensaje y dejó escapar una sonrisa leve, casi tímida. Siempre le pasaba lo mismo. Con Valentina, in