POV: Helena
El sendero cubierto de pinaza me devolvió a la cruda realidad del Monte Athos. El golpe en el tobillo al deslizarme por la grieta del monasterio no era grave, solo un dolor sordo y pulsátil, pero era un lastre. Tenía que correr. No contra el tiempo, sino contra Dante Bianchi. Él ya sabía dónde estaba Elisa.
Dante siempre fue más rápido que Franco. Franco es la fuerza; Dante es la astucia. Y yo estoy atrapada entre ambos.
Mi disfraz de Aleksandar era mi única protección. Me obligué a usar la voz baja y controlada para darme instrucciones:
—Cambiemos la ruta. Olvida el camino principal.
Me interné en el bosque espeso, buscando refugio en la densa vegetación del lado occidental del Monte. El objetivo: el Escondite del Peregrino, una ubicación que sonaba más a leyenda que a un punto real en el mapa. Porphyrios no me había dado coordenadas, solo un nombre.
Correr a través del bosque era una agonía lenta. Las ramas secas crujían bajo mis botas y me obligaban a avanzar con un s