POV: Helena
El campamento de las Viudas Negras era un remanso de acero y silencio. Un contraste brutal con el caos que había dejado atrás en el monasterio. Había pasado una hora desde que Elisa reveló la necesidad de Dante y de la extraña fórmula del Pergamino. Me había quitado la ropa de Aleksandar, sintiendo el alivio de ser Helena de nuevo, aunque el alivio duró poco, eclipsado por la ansiedad.
Estaba sentada en un tocón de madera, observando a Elisa, que ahora hablaba con la líder de las Viudas Negras, la mujer de la cicatriz llamada Ioannis. No eran solo físicamente idénticas; compartían un aura de poder silencioso, una autoridad innata que yo, como Dueña consorte, había tenido que forzar.
Mi mente estaba en Franco. El mensaje de emergencia había sido enviado. Él vendría, pero ¿cómo? ¿Y cómo reaccionaría ante la orden de su hermana, que esencialmente le pedía aliarse con su enemigo mortal?
—Ya viene —dijo Ioannis, rompiendo mis pensamientos. Su voz era grave, sin emoción. —Viene