POV: Helena
El aire helado de Nápoles me golpeó el rostro, pero la boca del cañón que Dante sostenía apuntando a mi cabeza era mucho más fría.
—Señora Moretti —dijo Dante, su sonrisa desfigurada era repugnante. Su ojo sano brillaba con una lealtad pervertida. —Ha sido demasiado lista. Pero el juego termina aquí.
A mi lado, el Dr. Bianchi temblaba, susurrando oraciones. La confesión que acababa de gritarle al Consejo era nuestra única moneda de cambio, y Dante lo sabía. Él no estaba aquí para ma