POV: Franco
El golpe de martillo no fue físico, sino legal. La voz del Juez Supremo, el anciano Moretti, resonó en la cripta ancestral, una sentencia que apuñalaba mi autoridad:
—Lo ponemos bajo custodia, hasta que se demuestre la paternidad de sus dos hijas.
El aire se congeló. Mis ojos no dejaron al Juez, pero mi mente ya había calculado la trayectoria de cada hombre en la sala. Doce Consejeros, armados solo con su antigüedad y la Ley Antigua. Pero eran suficientes. La Cripta era su territori