¡Madre mía! Este abogado parece un Dios griego o puede ser que llevo tanto tiempo encerrada sin ver a muchos hombres que me parece hasta guapo.
—Por favor, siéntate, Mía —me pide amablemente, el señor Blake, señalando la silla frente a la suya—. Hoy necesitamos revisar cada detalle de tu caso. Es importante que seas completamente honesta conmigo.
Trago el nudo de nerviosismo que se ha formado en mi garganta. Ha llegado el momento, el de contar mi historia, sin omitir nada.
El señor Blake comien