William sigue observándome, pero ya no de la misma manera. Su mirada se ha vuelto fría. Aunque tenga motivos, yo no soy la culpable. También he sufrido mucho, y lo que pasó no le da derecho a odiarme. Lo sé, sé que me odia con todas sus fuerzas, pero, como he dicho antes, yo no soy la culpable. Me armo de valor para romper este silencio.
—William, yo…
—¿Para qué has venido? —pregunta malhumorado.
Doy un paso adelante.
—Necesitaba verte, saber que estás bien.
William se levanta lentamente y cami