Arlet cerró sus ojos con fuerza al tiempo en que su espalda se arqueaba en medio de una violenta sacudida. Las manos, que se mantenían firmes en su cadera, se enterraron aún más. Sintió dolor, una fuerza excesiva y una serie de embestidas que parecían no tener un final.
En medio de esos momentos, no podía controlar los sonidos que salían de su boca. Simplemente, los dejaba salir sin más. Uno tras otro, cada uno más alto que el anterior, al punto en que parecía que estaba gritando.
«Ay, pero q