—Estoy embarazada—anunció Kenia a Luke, entrando en su oficina y colocando sobre su escritorio dos pruebas de embarazo.
El hombre ni siquiera se detuvo a mirar los objetos que eran una clara evidencia de sus palabras, simplemente se limitó a decir:
—Deshazte de él—sus ojos azules fijos en los verdes.
—Es tuyo—completó la mujer, esperando que cambiará de parecer.
—No me importa si lo es.
La respuesta fue una clara muestra de indiferencia, lo cual le hizo empuñar las manos a su costado con