—No puedo más. No puedo más—jadeó Arlet, cuando sintió que su cuerpo estaba a punto de colapsar. No soportaba correr un segundo más.
Luke se detuvo y la soltó, para examinar su rostro con atención. Estaba pálida. Inmediatamente, sus ojos viajaron a la herida en su brazo derecho y con una mueca rompió un trozo de tela de su camisa y la vendó.
—Tú también estás herido—señaló Arlet, al ver la concentración con la que intentaba detener el sangrado de su brazo.
Esto no pareció ser relevante para é