La chica se sentó a mi lado y comenzó a consumir su almuerzo, compartimos varias anécdotas divertidas de los dos días en lo que estuvimos un tanto dispersos, desde clientes que no tenían ni idea de quienes éramos, hasta personas insistentes en que se le ofreciera el servicio pese a su terrible comportamiento con nosotros.
—Son unos descarados, a mí me daría muchísima vergüenza llamar a un negocio después de haber quedado en un estado tan malo —Afirmé dándole varios bocados a mi comida.
—Totalme