Llegaron a las una y cuarto de la madrugada.
Adrián entró primero. Detrás de él, apoyada en el brazo de uno de los cuatro hombres, una mujer de unos veinticinco años con el cabello oscuro y los ojos que tardaban un segundo de más en enfocar, la mirada específica de alguien que lleva tiempo sin ver mucha luz natural.
Valentina.
No era lo que había imaginado, aunque tampoco sabía exactamente qué había imaginado. Era más joven de lo que esperaba, con una cara que debería haber sido bonita y que ah