Ella lo miró después de la cena, con esa mezcla de decisión y ternura que ya empezaba a conocerle. Leiah tomó su copa de vino, bebió el último sorbo y la dejó sobre la mesita del salón, sin romper el contacto visual. Darren apenas respiraba.
—¿Tienes idea —dijo ella, caminando hacia él— de cuánto he esperado este momento?
—¿Más que yo? —susurró, tomando su cintura cuando ella se acomodó sobre sus piernas.
Leiah no respondió. Lo besó. Con hambre. Con lentitud. Con una precisión devastadora.
Ese